Y llegaste tú.
Con el cabello desordenado,
el dolor en la espalda y el corazon en las manos.
Por poco lloras, pero sonreíste.
No imaginé que sabias reír.
Por poco hablas.
Te arrepentiste.
Seguiste ahí
Inmóvil, a mi frente.
Contemplando el vacío,
hurgando en mis ojos,
descubriéndote ahí.
Por poco lloras
Pero sonreíste.
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