Sunday, April 04, 2021

Un día cualquiera te despiertas con la firme intención de limpiar y ordenar la casa.

Barres cada rincón empezando por la terraza, desempolvas recovecos, trapeas hasta el cansancio, desinfectas baños y quizá, si la energía lo permite, lavas las paredes.

Recolocas cuidadosamente cada adorno, desechando los que no te parecen acordes al nuevo estilo que quieres.

Tiras todo el closet sobre la cama para elegir y organizar la ropa que seguirá contigo. El resto irá a caridad.

Oirás canciones viejas y luego bailarás en calzones hasta que el vecino te sorprenda.

Te irás a dormir cansada y soñarás que a esa casa, para tu alivio, se la lleva un huracán.


Tras la honorable fachada hay cotidianidad rampante con desayunos a la cama, Netflix, paseos al mar y a la montaña, cervezas con amigos, infantiles en tardes de cine.

Tras la honorable fachada hay llanto, gritos, peleas, secretos, dolor y siempre está el caos al acecho.

Debajo de la puerta insisten en colarse buenos recuerdos, carcajadas, alegría y momentos de descubrirse brillante ante los ojos de otro.

Tras la honorable fachada hay amor y odio en casi iguales proporciones.