Tras la honorable fachada hay cotidianidad rampante con desayunos a la cama, Netflix, paseos al mar y a la montaña, cervezas con amigos, infantiles en tardes de cine.
Tras la honorable fachada hay llanto, gritos, peleas, secretos, dolor y siempre está el caos al acecho.
Debajo de la puerta insisten en colarse buenos recuerdos, carcajadas, alegría y momentos de descubrirse brillante ante los ojos de otro.
Tras la honorable fachada hay amor y odio en casi iguales proporciones.
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