Ese señor cuya presencia era inicialmente lejana y luego demasiado certera.
Que colmaba de dulces, regalos y luego regaños.
Esa figura cuya huella persiste en mi memoria
junto con las idas al mar en sus hombros
su voz al otro lado del teléfono,
sus largas lecturas del periodico en la terraza
y su recuerdo vago,
acariciado por mi con letras durante tantos años.
Él, que reia a carcajadas para luego pasar a la furia violenta,
que pasó del amor al odio.
Ese personaje casi mítico.
Predador y niño
que marcó mi infancia
Sin esperarlo y ante mi asombro,
determina hoy mi presente.
2 comments:
como diria la trevi: recuerda que me tienes a mi
definitivamente hay que conocerte para poder entender algunos (la matoría, creo) de tus escritos
Post a Comment