
El día había transcurrido del modo como suelen transcurrir estos días; lo había
malbaratado, lo había consumido suavemente con mi manera primitiva y extraña de
vivir; había trabajado un buen rato, dando vueltas a los libros viejos; había tenido dolores durante dos horas, como suele tenerlos la gente de alguna edad; había tomado unos polvos y me había alegrado de que los dolores se dejaran engañar; me había dado un baño caliente, absorbiendo el calorcillo agradable; había recibido tres veces el correo
y hojeado las cartas, todas sin importancia, y los impresos, había hecho mi gimnasia
respiratoria, dejando hoy por comodidad los ejercicios de meditación; había salido de
paseo una hora y había visto dibujadas en el cielo bellas y delicadas muestras de
preciosos cirros.
Esto era muy bonito, igual que la lectura en los viejos libros y el estar
tendido en el baño caliente; pero, en suma, no había sido precisamente un día
encantador, no había sido un día radiante, de placer y Ventura, sino simplemente uno de
estos días como tienen que ser, por lo visto, para mí desde hace mucho tiempo los
corrientes y normales; días mesuradamente agradables, absolutamente llevaderos,
pasables y tibios, de un señor descontento y de cierta edad; días sin dolores especiales,
sin preocupaciones especiales, sin verdadero desaliento y sin desesperanza; días en los
cuales puede meditarse tranquila y objetivamente, sin agitaciones ni miedos, hasta la
cuestión de si no habrá llegado el instante de seguir el ejemplo del célebre autor de los
Estudios y sufrir un accidente al afeitarse.
Teatro magico, Solo para locos, no para cualquiera.
Manual de lobo estepario
5 comments:
aahh! como me gusta leerte!! como me gusta pasar por aca, como me gusta darme de cuando en cuando un paseo...esta escritora me gusta
un abrazo
Ese escritor sera, Hesse,recomendadisimo
Yo tuve un época que busque ese teatro. Luego cuando descubrí que para encontrar algo hay que buscar otra cosa. Ahora sigo aquí, en algún punto medio.
Saludes
Interesante...
Lo del bolso es verdad, entre más viejo más se cargan cosas encima....
saludes.
Hubo una época (tampoco hace mucho, como ocho años) en la que Hesse le gustó mucho a la gente de Bogotá, tanto así que había un cine bar en la séptima con cincuenta-y-pico que se llamaba "cruising" o "crusing" o algo así -el caso es que era una alusión al teatro donde termina el libro y Haller empieza a jugar. Bueno, este cine bar no era ni tan cine ni tan bar: era un televisor grande donde daban películas para primíparos (2001, Betty Blue, cosas así) y nada de trago; pero eso sí, todos los pubertos quisimos dárnolas de interesantes por allá, y lo disfrutamos y aún lo recordamos. Ahora allí sólo hay una fotocopiadora, creo.
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