Tiene más de 90 años y conserva su inmutable férreo temperamento.
Su memoria intacta.
Cada día se levanta quejándose de no haber dormido aunque la hemos escuchado roncar toda la noche.
Se baña, toma café y procede a trenzar su pelo en la mecedora de la terraza.
Diariamente espera a los pescadores y consigue el mejor precio.
Sigue considerando pecado comer carne cualquier viernes del año.
A ella, le alcanza ese afecto transgeneracional para sus bisnietos, así estén lejos.
Se aburre infinitamente sin su presencia.
Sigue diciendo que siente la casa triste desde que ellos no están.
Recuerda sus discuciones interminables con la tía Alcira, que siempre terminaban conversando y riendo juntas.
Esa mujer morena de ojos claros, que fumaba Pielroja con el fuego hacia dentro
nos enseñó que lo podemos todo, hasta volar.
Ella algún día se irá y lo sabemos.
Pero su presencia seguirá intacta, con la fuerza de lo atávico. De la memoria familiar que tú recreas para mi. Del amor que nos une.
1 comment:
Que enriquecedora remembranza que haces en esta entrada.Me gustó mucho.
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