Voy a hablar de esa área de la anatomía identificada como femenina que portamos como estandarte del ser mujer.
No tengo dos si no tres (ajá, mama supernumeraria) y eso ha representado una preocupación (inicialmente estética) adicional.
Hace poco caí en cuenta que de las primeras veces que fui consciente de mis tetas en su función erotizada fueron al ser observada fijamente en ellas (MIS (?) tetas) por un desconocido, y en otra ocasión al ir caminando por la calle y que un tipo me agarrara una. No grité, ni dije nada, estaba muy asustada como para reaccionar. Debía estar apenas entrando a la adolescencia y desde entonces recibí el mensaje de que en parte mi cuerpo hace parte de lo público (hace poco me lo recordó el que me agarró el culo), al menos en esta cultura enferma.
Siendo así el panorama y quizá como negación a ese contacto temprano debo decir que siempre oculté mis tetas lo más que pude. Mi moda favorita en la U era el cuello halter (y el buruchito) para intentar desviar la atención a mis huesudos hombros , rara vez usé escote.
Como no quería tener hijos pensaba que ellas solo cumplían dos funciones: la eróticosexual y dar cáncer. Y en esa segunda se pusieron mis preocupaciones de tinte hipocondríaco.
Sabía que además producían leche, claro, pero nadie me preparó para descubrir que más que leche ,por mis tetas ,mi cuerpo iba a dispensar amor concentrado de mamá y que ellas iban a señalar el camino del vínculo que empiezo a crear con mi hija.
1 comment:
Donde hay teta hay alegría
Post a Comment