
Pronto serían las doce. Éste es el momento en que el enfermo que tuvo que salir de viaje y acostarse en una fonda desconocida se despierta, sobrecogido por un dolor, y siente alegría al ver una rayita de luz por debajo de la puerta.
¡Que gozo! Es de día ya.
Dentro de un momento los criados se levantarán, podrá llamar, vendrán a darle alivio.
Y la esperanza de ser confortado le da valor para sufrir.
Sí, ya le parece que oye pasos, pasos que se acercan, que después se van alejando.
La rayita de luz que asomaba por debajo de la puerta no existe.
Es medianoche: acaban de apagar el gas, se marchó el último criado, y habrá que estarse la noche entera sufriendo sin remedio.












