Sunday, April 16, 2006

...

Se que me extrañarás.
Extrañarás mis tetas pequeñas y mis caderas grandes.
Mi abdomen blando.
Extrañarás mi llanto y mi sonrisa.
Mi sorpresa ante el mundo y mis costumbres.

Extrañaras mi canto y mi acento.

Mi lengua en tus pies.
Los besos a tus cicatrices.
Mi taquilalia y mis silencios.

No digas que no.
Me extrañarás.


Con los ojos doliendo,  los pies cansados.

Con las manos pesadas, y el corazon esperando.

Con mis sueños latiendo.

Con las uñas penetrando mis agujas,

y unos niños sacandome la lengua,  mientras todo me revuelve la conciencia.

Mientras todos se van y ya no intentan convencerme.

Mientras la paredes de caen y no saltan ya las ranas.

Mientras veo en la tele averiada un puñado de hormigas psicóticas,

y continúo sintiendo a pesar del sopor un poco de abanico.

Hay un nudo que desato con los dientes, hay un libro que me lee sin que lo note.

Una arteria latiendo aunque sin sangre y unos pies que te siguen ciegamente.

Imagen: Eduardo B. Revollo

Saturday, April 15, 2006

Yo,por mi

Garras


Intenté descifrar los secretos que esconden las palabras.

Aprendí de memoria los pasos que se deben seguir con la música.

Los movimientos que hacen brotar  sonrisas,
e incluso dejé que salieran mis lágrimas.

Aún así, no he podido entenderlos y ni remotamente ser uno de ellos.

Siempre está el estigma de mi mirada.

Hay signos imperceptibles por mi,  que me delatan.

Señales que les indican que hay diferencias y por más que lo intente no seré uno de ellos.

Porque cuando menos lo espero,

asoma el colmillo ... salen las garras.

Thursday, April 13, 2006

Vacío


En la tele un hombre se desnuda hasta arrancarse la piel.

Música lejana me recuerda que los demás siguen de fiesta.

Aquí, desnuda y sudorosa,
mirando un cieloraso que conozco de memoria.
Intentando renovar mi amistad con las arañas que no se detiene en su incesante labor.

El teléfono repicando en una casa que a pesar de mi sigue vacía.

En éste ambiente cotidiano y patético
sigo soñando el milagro que tuve en mis manos y dejé escapar.

Intentando que mi memoria se reconcilie con la realidad.
Imagen: Mark Ryden

Solo

Olvidé hablar.

Las palabras escaparon a mi alcance.

Ahora intento con las ganas y algo raro parecido a un torpe sentimiento.

Unas ganas de gritar para no ahogarme
ahora que tú  no estás y nadie escucha.

Que si alguien escucha, no entiende.
Y si ven lágrimas en mi rostro,
no pueden comprender que no es dolor.

Olvidé  escribir.

Hoy mi letra es ilegible ante sus ojos
y no pueden comprender lo que te escribo.

Se rompieron  todos los cristales en partes imposibles de juntar.

De nada sirve el lenguaje, las señales.
De nada sirven los idiomas, los dialectos.

Ahora que todo es soledad,

descubro que te extraño

y que no volverás.

Los nadie - Eduarado Galeano

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Friday, March 24, 2006

Se habla de Gabriel-Rosario Castellanos


Como todos los huéspedes mi hijo me estorbaba ocupando un lugar que era mi lugar, existiendo a deshora,haciéndome partir en dos cada bocado.
Fea, enferma, aburrida lo sentía crecer a mis expensas, robarle su color a mi sangre, añadir un peso y un volumen clandestinos a mi modo de estar sobre la tierra.
Su cuerpo me pidió nacer, cederle el paso; darle un sitio en el mundo, la provisión de tiempo necesaria a su historia.
Consentí. Y por la herida en que partió, por esa hemorragia de su desprendimiento se fue también lo último que tuve de soledad, de yo mirando tras de un vidrio.
Quedé abierta, ofrecida a las visitaciones, al viento, a la presencia.