Hace muchos años fui la mujer de un funcionario público corrupto mexicano que me dejó además de un hijo varias propiedades en calidad de testaferra.
También, por coincidencias de la vida, fui la madre del flaco pálido de ojos cafés claros del que estaba enamorada (como no estarlo si amaneciamos abrazados y hablando a la orilla del mar).
Estuve casada con un hombre torpe y desagradable que se llamaba igual que ese hombre de ojos cafés y andar delicado pero raudo que yo tanto amaba. De ese hombre torpe tuve un par de hijos más.
También fui Argentina, pero
no Peronista, morí en mayo de 2008 en Quinto Cuartel- Pocito.
Tuve un marido que a sus 29
años me había preñado dos veces y de nuestro matrimonio luego de 10 años
quedaban dos pelaos de 9 y 7 años. Machitos ambos.
Dios sabrá que pasó por su
cabeza, si creyó que le había sido infiel con algún amigo o simplemente llegó a buscar pleito borracho. No lo sé.
Yo simplemente estaba dormida
cuando con una piedra de 7 kilos y 35cm de diámetro, mi algún día amado
Leopoldo golpeó en repetidas veces mi cráneo y terminó con mis 31 años de vida sobre este planeta (once de ellos pasados como guardia carcelaria).
Pero no pasa nada, yo solo estoy sangrando mientras canto con voz suave un tango...

















